domingo 5 de octubre de 2008

MI MUNDO DE NOCHE Y TÚ.

Creo en la tierra y el mar si existe un cielo
y si existes tú, en el día y la noche.
Se dónde estas, cómo, cuándo y por qué,
y acaso eso te importa?,
y acaso sabes que existo?,
y acaso notas que me fascinas?

Como tú quizás, una única estrella,
pero en ese mundo infinito de obscura noche,
tú eres la vigorosa forma que cuando estás,
sabes ser para mí cuando pienso en ti,
logras esconder ese vacío nocturno,
acaparado por tu ser luminoso.

Vivo soñándote,
vivo imaginándote,
vivo pensándote,
y es que:
se dónde estas, cómo, cuándo y por qué,
¿y acaso soñarte te interesa?,
¿y acaso imaginarte te importa?,
¿y acaso pensarte te preocupa?;
si lo que si es cierto es que:
el soñar, imaginar y pensar
no logran para nada
recortar tu inmensa lejanía, y,
comunicar a ti mi existencia.

Y es que como ser viviente,
te imploro y te ruego:
¡ No dejes de ser mi ‘luna’
cuando te sueñe, imagine y piense!

INTRODUCCIÓN AL TRATADO DE MI VIDA.

Vivimos hoy en un mundo en donde las palabras han perdido más allá de valor, la objetiva calidad. Intuyo que la razón es la desidia individualista de cada uno de nosotros de acicalar nuestras vidas, mejorar las sociedades y cuidar el mundo. Solemos ver la realidad con nociones de inclemencia que distan del mismo sentido de humanidad. Hemos olvidado que si el origen de nuestro planeta es tan complejo que aún no posee una sola verdad, entonces por qué persistimos en percibir el mundo y nuestras vidas con ese frustrante simplismo. Aún no entendemos que todo lo circunstante posee significados y que como seres humanos estamos obligados a vivir de ellos.
Entonces, si queremos no sólo percibir, sino comprender los significados de nuestro mundo, pues debemos imaginar a las palabras como el canal más límpido de comprensión y embellecimiento de este mundo. Las palabras son utensilios de expresión con infinitos derroteros que conlleven a clarificar los mensajes de la realidad. Ellas cuando tienen forma y fondo testimonian a la historia y la humanidad, pero cuando a ellas se les añade sentimiento comunican la exclusividad de cada humano de sentirse vivo.
Y es que la experiencia de vivir no es simple ni común para una sola enseñanza y para todo ser: significa percibir el minuto a minuto de nuestra vida, conocer nuestro ridículo tamaño en el vasto universo y hasta poder respondernos a sí mismos qué tan vivos somos y estamos.
Yo siento que cada día que escribo soy más libre, con cada palabra busco enseñarle al mundo que le veo toda su fragilidad con todo mi ser sensible y que con cada párrafo concluido empiezo a comprender que soy un ignorante, pero cada vez menos que los demás, de los maravillosos regalos que nos ofrece la vida.
Por eso, puedo decirles a todos que el sentimiento de mi vida es el predio de lo desconocido para el mundo, porque simplemente en el transcurrir de mis días afino mi lectura a ese libro de misterios que me reserva la vida. No tergivérsese lo dicho con indicios de autocalificada inteligencia, yo no soy inteligente porque la inteligencia puede hacer del humano el animal más esclavo y triste del mundo.
Tan solo expreso ser alguien que se esmera en desarrollar su sentido de interpretación de las materias que nos rodea, así como todas las emociones ajenas a los inanimadamente humanos. Simplemente trato de imaginar el real contraste de noche obscura y la iluminante “luna”, el por qué la belleza de las flores se marchita tan pronto en la mente de las personas y la razón por la que la justicia sólo llega cuando todos terminamos indistintamente en el almacén de los muertos. Sólo digo, y hoy escribo a la vida como la siento: con felicidades y penurias que poseen siempre pautas para seguir viviendo. Sé además, que interpreto los adminículos adyuvantes a esa emoción de sentirse vivo, a esos significados ignorados por las bestias habitantes de este mundo materialista y deshumanamente mecanizados.
Por eso, aunque mi vida pueda resultar, a veces, consuetudinaria y normal pues, trato de sentirme día tras día más vivo que el ya transcurrido y, menos que el ya venidero. Entonces, por qué no decir que tengo en mi vida «cosas muy admirables que decir»: “Admirábili dictu”. He aquí mi muy modesta escritura producto de mi experiencia de vivir.